lunes, 29 de octubre de 2012

Apología de Sócrates


En mi primera entrada hablaré de uno de los diálogos de Juventud de Platón, se trata de Apología de Sócrates. Esta Apología es como una alabanza de Platón a su maestro Sócrates. En ella nos muestra el discurso con el cuál, Sócrates trató de defenderse en los tribunales atenienses, cuando le acusaron de corromper a los jóvenes de la época y de no creer en los dioses de la Polis.
Quiero realizar una reseña de este texto, dado que ha llamado mi atención la valiente forma en la que Sócrates asume la pena de muerte en un juicio al que se le lleva acusado injustamente. A pesar de que sus amigos estaban dispuestos a ayudarle a escapar, el decidió que acataría la ley y por ello murió.
Por otro lado, considero que a pesar de su brevedad, el discurso pronunciado por Socrates en este escrito tiene mucha fuerza y nos consigue trasmitir una fiel representación de la naturaleza humana, aplicable tanto a su época como a la nuestra.
Considero que sería recomedable realizar una breve presentación del filósofo Sócrates antes de proceder al análisis de esta interesante obra.
Sócrates había nacido en Atenas, entre los años 470 y 469 a. C, era hijo de Sofronismo, escultor, y Fenareta, la que ejercía como partera, lo que es posible encontrar en diversos libros, puesto que Sócrates lo repetía innumerables veces. Respecto a su educación, se cree que recibió la educación tradicional de la época; la que consistía en música, gimnasia y gramática. Otro aspecto a destacar es el auge que cobraba la vida intelectual en Atenas, en la que se reunían poetas muy connotados y los sofistas más famosos.
Para lograr un mejor entendimiento haré alusión a los datos que Platón nos ofrece en relación a la persona de este personaje. Platón conoció directamente a Socrates. Platón presenta la actividad dialectica de Socrates en forma de sublimes dialogos en los que se muestra tanto su genio literario y su talento filosófico.


A partir de aquí ya podemos realizar esta reseña.
En su discurso Sócrates les habla directamente a los atenienses. Les dice que sus acusadores no han dicho la verdad en todo su discurso, y que ahora él se la dira. Sin palabras bonitas, tal cuál salga de su boca." En efecto, como digo, éstos han dicho poco o nada verdadero. En cambio, vosotros vais a oír de mí toda la verdad; ciertamente, por Zeus, atenienses". En primer lugar, habla acerca de dos grupos de acusadores, unos que le han acusado recientemente, y otros que le llevan acusando toda su vida. Considera a estos últimos los más peligrosos. Y ve como una difícil tarea cambiar la opinión que el pueblo a adquirido hacia él, tras tantos años de acusación, en tan poco tiempo.
Comienza su defensa enunciando de lo que se le acusan: "Sócrates comete delito y se mete en lo que no debe al investigar las cosas subterráneas y celestes, al hacer más fuerte el argumento más débil y al enseñar estas mismas cosas a otros". Sobre esto, él afirma que nunca habló en público de estos temas, y además les dice que todo son testigos de que no lo ha hecho. Señala además que él tampoco cobra dinero a los hombres, dado que él no enseña, sino que sólo responde ante quien lo quiere oír. Explica el origen de las calumnias que contra él se erigen, además de sus apodos de “SOPHÓS” (sabiondo) y “PHRONTISTÉS” (pensador).
Además nos comenta que el origen de esos apodos ha sido su sabiduría, lo queda reflejado en esta parte, algo que produce la ira y envidia de muchos de los presentes: “Un día habiendo partido para Delfos, tuvo (Querofón) el atrevimiento de preguntar al oráculo… si había un hombre más sabio que yo, la Phytia le respondió que no había ninguno”. Sin embargo, con esto no pretende hacer un alarde, sino que quiere explicar como el trató de refutar lo que el oraculo afirmaba diciendo que el conocía muchas cosas, pero que también desconocía muchas otras. En cambio, comprueba que es el más sabio cuando al salir a la ciudad a cuestionar a los que la ciudad tiene por sabios, se da cuenta de que dicen saberlo todo y en realidad no es así, él es consciente de su propia ignorancia, y ellos no. De esta forma Sócrates comparte la afirmación del oráculo, ya que dice: “Bien puede ser que ninguno de nosotros dos sepa nada de bello ni de bueno; pero éste cree saber algo y no lo sabe, mientras yo no sé ni creo saberlo tampoco. Parece entonces, que en cierta pequeña medida soy más sabio que él, pues, no sé ni creo saber”.
Luego, trata de defenderse de los nuevos acusadores, en especial Meleto, que le acusan de: «Sócrates delinque corrompiendo a los jóvenes y no creyendo en los dioses en los que la ciudad cree, sino en otras divinidades nuevas.» Socrates espone que si los estuviera corrompiendo a los jóvenes, serían ellos mismos los que le acusarían.
Ante la acusación de que no cree en los dioses, Sócrates se defiende diciendo que es una acusación infundada y la argumenta diciendo que lo acusan de no creer en los dioses, pero que sin embargo, introduce dioses en sus reflexiones, algo contradictorio. Al terminar, Sócrates, dice que seguirá filosofando dado que es lo que los dioses quieren, ya que eso es lo más importante: “Yo, atenienses, os aprecio y os quiero, pero voy a obedecer más al dios que a vosotros y, mientras aliente y sea capaz, es seguro que no dejaré de filosofar”.
Por otra parte, Sócrates vuelve a repetir que con este discurso no pretende que le liberen, ni que se compadezcan de él. No quiere recurrir a la humillación, como otros han hecho, con tal de ser liberado. No pretende suplicarle a los jueces para evitar la condena dado que, para él la muerte no representa algo malo. Socrates explica que la muerte es el precio que tiene que pagar por no callar las cosas que aprendió durante su vida, y que por eso, esta dispuesto a aceptarla como una culminación de su trabajo.
Por último, reflexiona sobre la muerte. En ella, afirma que la muerte sólo nos aporta más ventajas respecto a la vida. Sócrates explica que, si la muerte se trata de un dormir sosegado y continuo, ésta no representa ni ventajas, pero tampoco desventajas. Por otra parte, si la muerte es un lugar donde el alma va, esto representaría una ventaja, ya que se encontraría con los semidioses y otros personajes ilustres, a los que le encantaría interrogar:“Sería un placer infinitamente más grande para mí pasar allí los días, interrogando y examinando a todos estos personajes". Finalmente, cuando se dispone la sentencia de su ejecución Sócrates pronuncía una frase enigmática, con la que pretende incitar a la reflexión a los atenienses y que se pregunten si la ejecución de Sócrates es un beneficio o un perjuicio a su vida pública: “¿entre ustedes y yo, quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios".